Quién como yo conoce tus íntimos miedos?
La fuerza de tu amor fraterno siempre joven,
el vuelo libre de tus alas rotas,
y el calvario donde guardas tus errores...
¿Quién como yo, conoce el vértigo
de tu mirar ardiente?
Y ha sentido el roce de tu labio mudo,
en los instantes mismos de la aurora?
Si me miras de frente, te lo advierto;
soy capaz de robar la honra de tus manos,
el desatino de tus labios al habla
y el cuaderno de tus versos blancos.
¿Quién como yo conoce tu sonrisa?
Ésa, que guardas para el día domingo,
la que muere después de un gran suspiro;
o se ahoga, en una perla derramada por mis ojos.
¡Solo yo, que conozco tus secretos puedo amarte!
aunque no quieras compartirme tu alegría;
ni tu esfuerzo por subir hasta la cumbre,
donde aguarda la fortuna, ésta vida.
¡Solo yo, que te conozco puedo amarte!
Con todos tus errores y manías.


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